viernes, 5 de febrero de 2010

La vida en Cusco

domingo, 8 de febrero de 2009

Paracas


Recuerdo que fui un niño muy feliz. Durante los veranos solía ir con toda la familia a explorar las desérticas playas de la península. Partíamos muy temprano aprovisionados de comida y agua. Mi padre acondicionaba sobre la parte trasera de la camioneta pick up un gran toldo de lona marrón bajo el cual mis hermanos y yo realizábamos los más emocionantes viajes.

Paracas era una especie de paraíso escondido, aislado del mundo, protegido de la gente. Un lugar detenido en el tiempo. Muchas veces simplemente no había allí nadie más que nosotros; nosotros y las jaibas o las gaviotas. Recuerdo aún con asombro el maravilloso descubrimiento de las enormes formaciones rocosas labradas por el mar y por el tiempo, de las esquivas y fascinantes lagartijas, de los tímidos y antisociales muimuyes. Pasear por la orilla era luchar contra el mar por preservar un nombre escrito en la arena húmeda, una huella pequeña como mis pies; era remover yuyos de plásticas texturas y colores militares; sobrecogerse ante una estrella de mar muerta sin remedio. El viento finalmente se imponía condimentando con arena mis panes repletos de atún, arrebatando sombreros, arrancando sombrillas de raíz. El viento me señalaba un camino, me marcaba una ruta vertiginosa a la cual soñaba con entregarme, una ruta que debía llevar a los confines de ese mundo, allí donde la magia lo era todo.

No fueron pocas las veces en que el camino de regreso desapareció. Entonces, con cierto temor pero divertidos, sobrevivimos a atollos y rescates con tablones y sogas, mientras la noche nos perdonaba una vez más retrasando su llegada al máximo.

viernes, 6 de abril de 2007

Volver a la combi


Como la enorme mayoría de los mortales, nací y crecí acunado por el transporte público. Durante mis años de universitario crucé diariamente esta vorágine llamada Lima de un extremo a otro con frenesí e inconsciencia, montado en variopintos micros y combis. El pan de cada día, la rutina hecha vehículo.
Al pasar los años, tuve oportunidad de viajar a otros países en los cuales recorrí ciudades enteras(unas mejores, otras peores) a bordo de buses y metros. Pude también, con el fruto de mi esfuerzo, dejar de depender del transporte público en Perú. Sin embargo, debido a que nunca me han atraído mucho los automóviles, en muchos años no consideré realmente necesario tener uno, puesto que podía pagar los taxis que fuera preciso.
En las últimas semanas, una serie de inconvenientes economicos (que tercamente quiero entender como "coyunturales") me ha obligado a volver a la combi. El golpe ha sido fuerte.
No es que este toro no se acuerde de cuando fue ternero; es que no entiende cómo, en su momento, pudo someterse a tan perverso e inhumano sistema.

martes, 20 de marzo de 2007

Mi primera vez


La primera vez siempre es importante por la simple razón de ser la primera. Porque nunca antes lo habíamos hecho, porque no sabemos qué vamos a sentir, porque no sabemos con precisión lo que ocurrirá luego de que lo hagamos. Puede que nos hayamos preparado a conciencia para ella y la enfrentemos con decisión o que nos sorprenda sin previo aviso; pero siempre la vivimos con expectativa, nerviosismo, ansiedad y en algunos casos hasta miedo.
Cuando es feliz y exitosa, la primera vez queda guardada en nuestra memoria como un hito glorioso que abrió una nueva etapa en nuestras vidas, como un momento al cual regresaremos imaginariamente en muchas ocasiones durante el resto de nuestra existencia terrenal, como un motivo de incontables sonrisas futuras.
Sin embargo, las probabilidades estadísticas de que una primera vez sea un éxito rotundo son escasas, puesto que toda la responsabilidad de la empresa recae sobre perfectos inexpertos que suelen ser presas de emociones intensas que los aturden y les dificultan proceder diestramente. La cadena de errores se facilita y los potenciales desastres se multiplican. La búsqueda de una rápida gratificación lleva a que se descuiden detalles básicos y el resultado puede ser el fracaso de la insatisfacción.
Entusiasta y expectante doy un paso adelante. Hoy repito el viejo y eterno ritual de la primera vez.