viernes, 6 de abril de 2007

Volver a la combi


Como la enorme mayoría de los mortales, nací y crecí acunado por el transporte público. Durante mis años de universitario crucé diariamente esta vorágine llamada Lima de un extremo a otro con frenesí e inconsciencia, montado en variopintos micros y combis. El pan de cada día, la rutina hecha vehículo.
Al pasar los años, tuve oportunidad de viajar a otros países en los cuales recorrí ciudades enteras(unas mejores, otras peores) a bordo de buses y metros. Pude también, con el fruto de mi esfuerzo, dejar de depender del transporte público en Perú. Sin embargo, debido a que nunca me han atraído mucho los automóviles, en muchos años no consideré realmente necesario tener uno, puesto que podía pagar los taxis que fuera preciso.
En las últimas semanas, una serie de inconvenientes economicos (que tercamente quiero entender como "coyunturales") me ha obligado a volver a la combi. El golpe ha sido fuerte.
No es que este toro no se acuerde de cuando fue ternero; es que no entiende cómo, en su momento, pudo someterse a tan perverso e inhumano sistema.

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