viernes, 6 de abril de 2007

Volver a la combi


Como la enorme mayoría de los mortales, nací y crecí acunado por el transporte público. Durante mis años de universitario crucé diariamente esta vorágine llamada Lima de un extremo a otro con frenesí e inconsciencia, montado en variopintos micros y combis. El pan de cada día, la rutina hecha vehículo.
Al pasar los años, tuve oportunidad de viajar a otros países en los cuales recorrí ciudades enteras(unas mejores, otras peores) a bordo de buses y metros. Pude también, con el fruto de mi esfuerzo, dejar de depender del transporte público en Perú. Sin embargo, debido a que nunca me han atraído mucho los automóviles, en muchos años no consideré realmente necesario tener uno, puesto que podía pagar los taxis que fuera preciso.
En las últimas semanas, una serie de inconvenientes economicos (que tercamente quiero entender como "coyunturales") me ha obligado a volver a la combi. El golpe ha sido fuerte.
No es que este toro no se acuerde de cuando fue ternero; es que no entiende cómo, en su momento, pudo someterse a tan perverso e inhumano sistema.

martes, 20 de marzo de 2007

Mi primera vez


La primera vez siempre es importante por la simple razón de ser la primera. Porque nunca antes lo habíamos hecho, porque no sabemos qué vamos a sentir, porque no sabemos con precisión lo que ocurrirá luego de que lo hagamos. Puede que nos hayamos preparado a conciencia para ella y la enfrentemos con decisión o que nos sorprenda sin previo aviso; pero siempre la vivimos con expectativa, nerviosismo, ansiedad y en algunos casos hasta miedo.
Cuando es feliz y exitosa, la primera vez queda guardada en nuestra memoria como un hito glorioso que abrió una nueva etapa en nuestras vidas, como un momento al cual regresaremos imaginariamente en muchas ocasiones durante el resto de nuestra existencia terrenal, como un motivo de incontables sonrisas futuras.
Sin embargo, las probabilidades estadísticas de que una primera vez sea un éxito rotundo son escasas, puesto que toda la responsabilidad de la empresa recae sobre perfectos inexpertos que suelen ser presas de emociones intensas que los aturden y les dificultan proceder diestramente. La cadena de errores se facilita y los potenciales desastres se multiplican. La búsqueda de una rápida gratificación lleva a que se descuiden detalles básicos y el resultado puede ser el fracaso de la insatisfacción.
Entusiasta y expectante doy un paso adelante. Hoy repito el viejo y eterno ritual de la primera vez.